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leyendas sin mundial

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Posiblemente estemos ante el Mundial más completo y soberano de la historia, en cuanto a selecciones y protagonistas se refiere. Están todas las naciones que han sido campeonas del mundo y a nivel individual, por ejemplo, entre los 23 nominados para el Balón de Oro, sólo tres se han quedado fuera de órbita: Ibrahimovic, Lewandowski y Bale.

El sueco se ha quedado con cara de tonto y boca de prepotente: “Este Mundial sin mí no tendrá el mismo interés”, pero por lo menos puede alardear de haber participado en dos ediciones pasadas. Los otros dos, por su edad, no deben descartarlo, aunque el potencial de Polonia y País de Gales les exigirá un plus individual para conseguirlo.

El pasado lejano y reciente reúne un buen puñado de grandes futbolistas que a lo largo de su carrera no consiguieron nunca jugar un Campeonato del Mundo. En algunos casos fue una cuestión personal y de las circunstancias que les roderaron; en otros, hay que buscar responsabilidades en la mínima competitividad de las selecciones que defendían.

Don Alfredo fue pero no jugó
Un caso sobresale sobre todos los demás porque se trata de uno de los cinco grandes de la historia: Alfredo di Stéfano. Además, defendió dos camisetas: la argentina y la española. Con la albiceleste no pudo disputar ningún Mundial. Argentina renunció al de 1950 por su guerra con la Confederación brasileña, anfitrión del torneo, amén de que sus mejores jugadores, entre ellos Di Stéfano, habían huido hacia Colombia por cuestiones laborales y económicas.

En 1954, Mundial de Suiza, ya estaba jugando en el Real Madrid, pero todavía no tenía la doble nacionalidad. Cuatro años más tarde la selección no se clasificó después de aquel inesperado empate contra los helvéticos. Por fin, su oportunidad llegó en 1962, en Chile. Estaba a punto de cumplir 36 años y era su última oportunidad.

La desgraciasse cebó en su persona. Justo días antes de que se conociera la lista oficial, se lesionó en un amistoso en Atocha. A pesar de ello, Hernández Coronado, seleccionador y Helenio Herrera, entrenador, le incluyeron en la relación, sabiendo de antemano que era prácticamente imposible que disputara los primeros partidos.

Alfredo, mejor que nadie, era consciente de la situación. “Era como un tirón en el biceps femoral, pero yo sabía que no lo era. Yo conocía las sensaciones del tirón. Era algo que me afectaba al nervio ciático. Los médicos no daban con la dolencia, pero pensaron que me podía recuperar estando allí”.

En su momento no comentó nada, pero siempre pensó que parte de culpa de su estado físico estaba provocado por el regimen alimenticio al que le sometían los técnicos. “Me entrenaba pero a los veinte minutos me dolía. Me trataron con todas las clases de ondas que existían entonces, corta, larga, ultravioleta, pero nada. Yo quería reposar. Pero H. H. me hacía entrenarme todos los días...

Estaba obsesionado con el peso y decía que si me paraba agarraría kilos y no podría jugar. Con el tiempo me convencí de que todo era problema de la dichosa dieta: verduritas para comer, y naranjita y manzanita para cenar ... y cien pastillas, eso sí. Mis músculos se alteraron por la alimentación. En cuanto volví a España y comí como jugador del Real Madrid: pollo, carne y pasta, me recuperé en quince días”.

La Saeta no se estrenó y volvió como viajó. H.H. le reservaba para la segunda fase, pero Brasil zanjó las posibilidades de España en el tercer partido del grupo. “Me llevé un disgusto más que nada por mis padres que habían viajado desde Argentina para verme. Con el tiempo nunca me traumatizó no haber jugado ningún Mundial, lo peor casi es que no pude seguir jugando con la selección por una incongruente ley que salió...”

Historias de contestarios
Más allá de nuestras fronteras también hay casos excepcionales de grandes jugadores que no saben lo que es jugar un Mundial. Bernd Schuster y Eric Cantona, son dos casos parecidos, aunque no iguales. Su experiencia con la camiseta nacional estuvo llena de conflictos.

El alemán renunció muy pronto después de haber triunfado con apenas 20 años en la Eurocopa de Italia. Prefirió dedicarse por completo a los clubes y olvidarse de la presión de la selección.

Cantona se peleó al año de debutar con Francia con el seleccionador que le había concedido del honor, Henri Michel. Volvió con Platini y disputó su única gran competición con los bleus, la Eurocopa 92, pero pasó sin pena de gloria. Nuevo traspiés camino de EEUU 94 y otra salida poco airosa que concluye con Eric manifestando que en las grandes competiciones su equipo era Inglaterra, donde triunfó plenamente, y no su Francia natal.

Los pobres de las Islas
Tres jugadores representan con exactitud el síndrome de haber nacido cerca de la cuna del fútbol, Inglaterra, pero con unas limitaciones históricas insalvables. Es el el caso de un norirlandés de Belfast, George Best, que triunfó plenamente en el Manchester United donde ganó la Copa de Europa y el Balón de Oro y dos galeses de prestigio reconocido, Ian Rush y Rian Giggs — todavía continúa en activo— que también son historia de la Liga inglesa, pero nunca pudieron hacer carrera con Gales.

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